lunes, 13 de mayo de 2019

Peleadores bolivianos se solidarizan con muerte de Silver King

14 may.- César Cuauhtémoc González, conocido en el mundo de la lucha libre como Silver King, falleció este sábado luego de desplomarse en el cuadrilátero durante un espectáculo en Londres, Reino Unido.

Según informa Récord, la muerte del mexicano de 51 años se debió a un infarto de miocardio sufrido mientras disputaba una pelea contra el luchador coterráneo Juventud Guerrera.

Día


martes, 19 de marzo de 2019

Colocan de moda máscaras de mini luchadores para cumpleaños

El Alto, 20 mar.- Festejar el cumpleaños con payasos, títeres y mimos se ha convertido en algo común, en tal sentido la familia del doctor Marco Chambilla y la licenciada Marisol Kaly que viven en El Alto decidieron celebrar el té piñata de su hijo con una fiesta de disfraces (máscaras e indumentarias de luchadores).

Un centenar de niños se dieron cita para celebrar el té piñata de Juan Pablo Chambilla en el salón “Hakuna Matata” ubicado en Villa Tejada Rectangular, al margen de la chocolatada, la torta, las galletas, las pipocas, brillaron diversas máscaras de luchadores.

La máscara es la esencia de un luchador, sirve para cuidar la identidad de un personaje encima del cuadrilátero y también genera alegría a cientos de niños. Emert Cori, conocido en el mundo de la lucha libre como “Ninja Boliviano”, no solamente domina el cuadrilátero con sus espectaculares llaves y caídas pues hace más de 16 años atrás se ha convertido en confeccionista y diseñador de máscaras e indumentarias de luchadores nacionales e internacionales, así confeccionó máscaras de peleadores del Concejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) y, la Triple AAA.

“Mediante las máscaras para niños quiero transmitir alegría, con el propósito que los menores puedan ser amantes del mundo de la lucha libre (…) quiero empoderar a los niños y convertirlos en superhéroes a corta edad, así puedan soñar saltando desde la tercera cuerda con vuelos mortales y hacer acrobacias que el deporte de la lucha libre exige”, declaró el Ninja Boliviano.

Nina Boliviano hizo máscaras para niños de uno a siete años. Rey Mysterio y Sexy Star, catalogados como “luchadores minis” irradiaron en el té piñata, además realizaron saltos acrobáticos la Parkita y, el Espectrito, utiliza una máquina de coser y mucha imaginación, también pretende confeccionar mallas, capas, buzos, muñequeras, manoplas, poleras, canilleras y rodilleras “minis” elaborados con licra brillosa y cuero charol.

Instructor y confeccionista

Durante la semana, Ninja Boliviano impulsa una escuela de lucha libre en el gimnasio Sparta ubicado en la avenida Buenos Aires, esquina Villamil de Rada, frente al mercado Hinojosa, su principal objetivo formar peleadores de las nuevas generaciones y paralelamente innova la confección de máscaras e indumentarias para luchadores minis. Las personas interesadas en contratar sus servicios pueden contactarse vía whatsapp y llamadas al 725 25 0 27.

//AM/EABOLIVIA.COM//


jueves, 1 de noviembre de 2018

Cholitas luchadoras y la cultura tiwanaku son símbolo de la burguesía aymara

Vestidas con sus tradicionales faldas aymaras acampanadas, "Martha La Alteña", "Susana La Bonita", "Juanita La Cariñosa" y "La Simpática Ángela" suben al ring a combatir por el honor y los aplausos.

Un hotel de El Alto, una ciudad de Bolivia del departamento de La Paz, comenzó a presentar este espectáculo de lucha libre como parte de una oferta turística que se suma a sus "cholets", los coloridos edificios con íconos de la cultura tiwanaku que son símbolo de una floreciente burguesía aymara.

En las graderías, unos 150 espectadores estallan con gritos y silbidos cuando las luchadoras comienzan la contienda.

Se han asociado con empresas de turismo para atraer público a sus dos presentaciones semanales. Una para los lugareños, con una entrada que vale 20 bolivianos (casi tres dólares), y la otra para turistas con un precio de 70 bolivianos (unos 10 dólares).

La lucha libre femenina comenzó en Bolivia hace casi dos décadas, pero tuvo que deambular largo tiempo por barrios pobres antes de comenzar a ganarse un espacio en el turismo.

La lucha libre o "catchascán" (variación de la expresión inglesa "catch-as-catch-can", "atrapa como puedas") llegó a Bolivia en su versión masculina a fines de la década de 1960, cuando películas mexicanas idolatraban a "El Santo", "Blue Demon" o "Huracán Ramírez".

Los luchadores bolivianos comenzaron a imitarlos con un espectáculo que aún se llama "Titanes del Ring" y fueron ellos quienes se dedicaron a apoyar la subida de las mujeres al cuadrilátero.

Clarin


miércoles, 17 de octubre de 2018

Carmen Rosa: Cholita luchadora fortalece partido de Doria Medina

La conocida luchadora alteña Polinia Ana Choque, conocida como Carmen Rosa, se alió a Unidad Nacional (UN) y expresó su apoyo para que Samuel Doria Medina sea el próximo Presidente de Bolivia.

Choque es una de las representantes de la lucha de mujeres de pollera más conocida de la ciudad de El Alto, que ha despertado incluso el interés de medios internacionales. También es conocida por participar del programa Bailando por un Sueño.

La luchadora se inscribió como militante de UN en un punto de inscripción instaurado en el Prado paceño y expresó que Doria Medina es la mejor opción para asumir la Presidencia del país ya que, considera, que es un emprendedor exitoso y que manejará a Bolivia como una empresa, con buenas perspectivas.

“Carmen Rosa bienvenida a Unidad Nacional. Estoy seguro que tu fortaleza es invaluable para luchar por Bolivia”, señaló, por su parte, Doria Medina a través de su cuenta de Twitter.

Oxigeno


martes, 14 de agosto de 2018

Santo toda una leyenda de la lucha libre

Ahora que acabó el Mundial, al fin, Chicuelo, puedes sentarte a escribir sobre el más grande y hermoso deporte que la humanidad ha dado: la lucha libre.

Ese no es un deporte, idiota, me dirán, es más bien una actividad teatrera, qué vergüenza que ya siendo tan grande sigas creyendo en eso.

Es mi eterna alma de niño, ustedes disculparán.

Allá por 2007 llegó a esta fea ciudad Axel, el nieto del Santo, y con él otros luchadores como Rayman, el nieto del Rayo de Jalisco, la Parquita, Espectrito, Lápida y Vangellys. Todo para conmemorar el fallecimiento, en 2006, de otro grande, Daniel García Arteaga, también conocido como Huracán Ramírez.

Entonces, como no podía ser de otra manera, fui con mi difunto papá a ver al nieto de la Leyenda. De la Gran Leyenda de la lucha mundial, conocido desde que nació como Rodolfo Guzmán Huerta, y más tarde, cuando ya me subía al cuadrilátero, joven Chicuelo, como el Santo, el Hombre de Plata, el Enmascarado más grande que ha dado este feo mundo. Y qué lindo era ir los domingos con mi papá al cine México a ver sus películas, a verme luchar contra las mujeres vampiro o contra los hombres lobo, y cuán falsas nos parecen ahora esas interpretaciones y endebles los argumentos y ni qué se diga de la escenografía y los efectos especiales.

Qué divertido y qué emocionante y ante todo qué gratificante era salir del México y llegar a tu casa, Chicuelo, y contarle a mi mamá de qué iba la película de ese domingo, cómo eran las momias o cómo las mujeres vampiro, y mi mamá enojándose con mi papá: para qué le haces ver esas películas a la wawa, ahora no va a poder dormir.

La cosa es que el lugar para el reencuentro con la Leyenda de Plata era en el Coliseo Cerrado. Las casi cuatro horas de espera no importaron. Gracias a esa espera pude conocer a personajes extraños, estimado Santo, y a otros que (uno dice) cómo no ser ellos, cómo no cambiarse para ser esas otras personas tan afortunadas. Los personajes extraños en la fila era las revendedoras que se metían y uno al gritarle ¡coladora!, al tiro te mostraban la Gillette lista para ser usada, ¡cuál coladora, so cojudo! Y por el otro lado de la categoría de personas extrañas estaba la señora que, a mi lado, empezó a abrirme conversación: que estaba muy emocionada por ver al nieto del Santo, sí señora, cómo no, porque ella, cuando era más joven, había visto al padre, allá en 1969, cuando vino junto al Huracán Ramírez y cuando ayudó con una función más para recabar fondos para la tragedia de Viloco.

Y entonces la magia, Florecita Rockera, entonces la magia, pá: la señora sacando de una bolsa de mercado un aguayo, y del aguayo una bolsa de plástico y de la bolsa de plástico la máscara Plateada. Me voy a desmayar, pá, te juro que casi me desmayo, como si fuera de nuevo el chiquillo de diez años yendo al México, cuando se apagaban las luces, piensas, como cuando aparecían las letras chillonas anunciando el título de la película.

¿La señora quería verme la cara?, ¿intentaría venderte la máscara después, Chicuelo? No, nada de eso, antes muerta que deshacerme de esta mascarita, joven, recuerdo es. ¿Por qué la juventud de ahora es tan platista?

La máscara Plateada estaba vieja. Estaba vieja no por el uso sino por el tiempo, como los tenis que uno adora y que se niega a deshacerse, por más que la familia le diga ¿no te da vergüenza andar con eso?
Ella, la señora que me acusaba de platista, estaba emocionadísima, tanto o más que vos, Chicuelo, y el Santo diciéndome: eso aún me arranca lágrimas, joven Chicuelo, que la gente lo quiera a uno así después de tantos años de muerto no tiene precio, ahí uno se da cuenta, cabrón, que uno hizo cosas buenas en la vida. Escríbase eso en su notita, si me hace favor.

La señora tenía en sus manos algo que cualquier niño habría querido conservar, que cualquier fan de las luchitas habría dado su vida por tener en casa. Y ahí me contó que ella era hija de uno de los organizadores de esa tan ilustre visita, que como agradecimiento por tan buenos tratos el mismísimo Santo le había regalado la Plateada a su papacito, y el Santo casi llorando: me acuerdo de ese señor, un panzón de bigotazos, preocupado todo el tiempo por los mexicanos, que si la altura no les estaba afectando, que si el frío los iba a dejar entrenar con calma, que qué desgracia lo del Tigre, ¿han visto en el periódico cómo se ha muerto casi todo el Strongest?

Ese día que les digo fue inolvidable no sólo por la señora a la que envidio hasta ahora, no sólo porque volví a ser un chiquillo que iba al México con su papá, sino también porque ahí, frente a nosotros, con su casi metro ochenta de altura, estaba Axel, mi descendiente directo, Chicuelo, hasta un caballero de la fila de adelante se dio cuenta y dijo: es idéntico a su abuelo, yo lo he visto el sesenta y nueve.

Hay niñitos desubicados que quieren ser como Messi o como el tal Mbappé; sí, e imagino que eso está bien, pero yo quería ser como el Santo, Florecita Rockera, y pelear contra los rudos, ganarles y quitarles máscaras y cabelleras, y perder la primera caída y ganar después las dos siguientes, y que me sacaran sangre y que si alguno quería quitarme la máscara, sin haberla apostado, defenderme como si quisieran arrebatarme mi biblioteca. Y el Santo diciendo: porque la máscara y la cabellera en las luchas, anote, es tan sagrada como la mamacita de uno. Escríbase eso también, joven Chicuelo.

Ser como el Santo, pá, volar por los aires y hacerle un torniquete al Conde de Villa Victoria en la función por la tragedia de Viloco, y ser el penúltimo en salir de una lucha en jaula.

Ser niño de nuevo, y soñar con ser como el Santo, que está acá a mi lado, llorando de tanta emoción porque la gente todavía lo recuerda con cariño, y sobre todo con agradecimiento, pá, y el Santo diciéndome: porque eso es impagable, joven, porque cuando uno está muerto eso vale más que toda la fortuna del mundo.

Página Siete

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